domingo, noviembre 20, 2011

Elena Tamargo ¡In memoriam!


Hoy partió la destacada y querida poeta cubana Elena Tamargo. Guerrera por naturaleza Tamargo amó y luchó por la vida hasta el día de hoy que dijo ¡basta! Filóloga, poeta, ensayista y traductora, la citada poeta nació en La Habana, Cuba. Entre los reconocimiento que recibió en vida podemos citar el Premio de Poesía de la Universidad de La Habana, 1984; Premio Nacional de Poesía “Julián del Casal”, de la UNEAC, 1987. Académica, ensayista fue además Germanista y Filóloga. Doctora en Letras Modernas, Traductora de la obra de F. Hölderlin. Entre sus libros de encuentran: Sobre un papel mis trenos, Habana tú, El caballo de la palabra, El año del alma, Poesía de la sombra de la memoria y Bolero, clave del corazón. Después de una estancia en Rusia y otra en México, vivió en Miami. ¡Descanse en paz Elena! ¡Gracias por su poética y todo el legado literario que nos deja!

*A través de estas líneas deseamos extenderle el pésame a su familia y en especial a Manny López, uno de sus amigos más estrechos quien además nos notificó la triste noticia.




El último poema del año del alma

Soy sólo un trueno de voz sagrada (Stefan George )


El año en que amaba
alguien tenía mis ojos
los llevaba en las manos como anillos
como pedazos de zafiros
los cuidaba desde que se habían cerrado.
Él ganaba y perdía, pero no se asomaba a las ventanas
guardaba lo demás como mis ojos
las actas, su nombre, la peor de sus horas.
Los tulipanes en Moscú lo habían decapitado
y desde entonces bebíamos juntos leche negra del alba.
Bebíamos y bebíamos
del cántaro y del cráter
y también de mi mano,
mas lo que ahora se hunde, a quién le pertenece
rosa de quién si nadie me moldea,
fuimos serenos floreciendo y ya
rosa de nadie.
Quiero mejor ser leña de un hogar
y calentar la leche de los niños,
porque esos ojos míos del ochenta y siete
que él cuidaba
están bajos
llorando
cansados de no poder dormir en las camas donde nos acostamos
ellos y yo
a vivir del esplendor
cuando la luz se enciende
o cuando se derriten los corazones de oro
de los niños
que beben la leche negra del alba.