
Si trabajara para un diario, ya me habrían despedido. Si o si la entrevista de Isabel Allende tenía que estar en la mesa del editor. Si sólo trabajara como fotógrafa, me hubiesen halabado, y quién sabe hasta premiado, por haberle tomado fotos de otros águlos a la popular escritora chilena. Gracias a Dios, no formo parte de ningún medio, por lo tanto, lo que sigue es una experiencia digna de publicación.
A diferencia de los millones de lectores que llegaron a ella a través de “La Casa de los espíritus”, su memorable y primera novela con la que se dio a conocer, me involucré con la pluma de Isabel Allende a través de Eva Luna. De allí vinieron Cuentos de Eva Luna (1989), El plan infinito (1991), Paula (1994), Afrodita (1997), Hija de la fortuna (1999), Retrato en sepia (2000) y paramos de contar. Hace dos meses me enteré que era una de las invitadas de la presente Miami Book Fair Internacional. Me preparé todo este tiempo. Ayer por vez primera, por fin la pude ver. Estaba al lado de ella. Frente a frente. Tenía la cámara fotográfica colgada en el cuello y mi grabadora en el bolsillo del pantalón preparada para arrancarle aunque sea un par de preguntas. Al presentarme, le susurré al oído: “Buenos noches quien le habla es una paisana suya por casualidad” “Soy periodista de Perú, de Lima, la ciudad en donde usted nació por casualidad”. Con tierna sonrisa, y amabilidad extrema dijo: “Mucho gusto”, al mismo tiempo que nos acariciaba el rostro con sus delgadas, temblorosas y heladas manos. A unos pasos la esperaba un multitudinario auditorio ávido por conocerla y hablar con ella. Antes que saliera, le pedí por favor que me permitiera hacerle algunas fotos. “En un momento”, dijo. La observé nerviosa. Cogió su botella de agua y tomó un sorbo. Luego me buscó con la mirada y me dijo: “Muy bien”. Se sentó en un pequeño sofá y posó para mi lente. Saqué la grabadora de mi bolsillo. Le consulté si le podría hacer una breve entrevista: “no por favor, tengo que salir al auditorio en unos segundos, no me podría concentrar”. Le agradecí y le comenté que la mitad de los asistentes son jóvenes, a lo que ella contesto “se da cuenta, todo lo que produce la literatura”. Minutos después, ingresó al auditórium invitada por el narrador de noticias de Univisión, Guillermo Benítez, quien tuvo el honor de presentarla. El resto, todo el mundo lo sabe. Habló de sus libros, su esposo, su amada y recordada hija Paula, su hijo, sus nietos; la vida, su vida y para cerrar con broche de oro, firmó libros, papelitos, servilletas entre otros objetos más que tengan apariencia de papel. Nosotros, sólo nos limitamos a observar, agradeciéndo de antemano, su generosidad al habernos permitido tomarle unas cuantas fotos antes de salir al auditorium. Gracias Isabel Allende.
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