
Asistentes se rinden ante el maestro cubano

Cala la oscuridad al agonizar la luz tenue del escenario. El pleno del auditorio deja de murmurar. Los músicos de la orquesta se ubican en sus respectivas locaciones. El director musical esboza un pequeño discurso de bienvenida y en medio de la emoción de los presentes, hace su ingreso al escenario, una de las leyendas vivas de la época de oro de la música cubana: Bebo Valdés, el pianista de oro. El marfil de las teclas inician su acompasado y rítmico movimiento apenas el maestro desliza sus diestras manos que ejecutan uno de los éxitos más importantes de la música internacional: Lágrimas Negras, tema con el cual inicia su concierto. La quietud y el silencio del auditorio se llena de algarabía apenas la “La leyenda en vivo” culmina el tema. Aplausos, lágrimas, vivas, en fin, un cúmulo de sentimientos que los presentes le expresan al maestro quien sin perder tiempo continua con su repertorio para el beneplácito de los asistentes. Así nos susurra al oído temas como Con poco coco, El Guajeo de Rickard, entre otros. Posteriormente, y para la felicidad de los amantes del jazz nos hizo entrega de la Suite Cubana, repertorio que reúne versiones en jazz latino que hizo vibrar a más de uno en sus asientos. Con una habilidad sin nombre tocó el piano, dirigió la orquesta y hasta se dio el lujo de bailar. Asimismo, agradeció a sus invitados presentes y al público en general. Así el gran maestro Bebo nos ofreció dos horas de show que puso de vuelta y media a la comunidad hispana. Nosotros una vez más, nos quedamos sin palabras. Gracias maestro.
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